lunes, 3 de abril de 2017

Grupo 3.A -> Tema 3 La Radio -> 3.3.La radio y la llegada de la televisión / 3.4 La radio y la transición democrática en España



SEMANA 4

Grupo 3 A: La Radio



  • Juan Emilio Pérez Soria “El 23-F: La noche de los Transistores”                                                                                      Epígrafe  3.4 La radio y la transición democrática en España 

  • Roberto Belda Sánchez “Convivencia de radio y televisión”      Epígrafe  3.3 La radio y la llegada de la televisión










El 23-F: "La noche de los Transistores"


El 23 de Febrero de 1981 pasará a la historia como aquel que pudo cambiar de manera radical el curso de la historia de nuestro país. Cuando la  transición española daba sus últimos coletazos, durante la votación en el Congreso para la investidura de Calvo- Sotelo como presidente, a las 18: 23horas, un grupo de guardias civiles encabezados por teniente coronel Antonio Tejero irrumpió en el acto y por medio de la intimidación obligaron a todo el mundo a hacer lo que ellos dijeran. 


Obligaron a los periodistas de RTVE a apagar las cámaras, con lo cual nadie podía ver que ocurría en el interior. Lo que no imaginaban es que tanto Rafael Luis Díaz como Mariano Revilla, periodistas de la Cadena SER, se las arreglaron para engañar a sus captores y arriesgando sus vidas, dejaron una línea abierta y así poder retransmitir todo lo ocurrido, convirtiéndose la radio en el único medio por el que saber que estaba ocurriendo, de ahí el sobrenombre de la noche de los transistores. En ciudades como Valencia se vivieron momentos de tensión donde los militares tomaron la ciudad sacando carros de combate a las calles y obligando a las emisoras de radio locales a emitir un comunicado del Capitán General Jaime Milans del Bosch declarando el estado de excepción. 

A la 01:14 horas del día 24 de febrero el rey Juan Carlos I
emitió un mensaje por televisión para tranquilizar a la ciudadanía y posicionarse contra los golpistas, haciendo uso de su rango de Capitán General. Después de dicho mensaje en el que defendía principalmente el papel de la Constitución, el golpe se da por fracasado. 


Para más información:










Convivencia de radio y televisión


Los medios escritos vivieron plácidamente aportando información a la ciudadanía hasta la llegada de los nuevos medios de comunicación. Primero fue la radio y luego la televisión.

La radio pronto se ganaría un hueco importante y fue el amigo más cercano de la población para estar informado de cuanto sucedía a su alrededor o incluso en el otro lado del mundo. Todo esto cambiaría con la llegada de la televisión, ese aparato novedoso que permitía además de oír, ver en imágenes lo que estaba ocurriendo. Y no solo eso, pronto llegarían programas de entretenimiento y formatos novedosos que haría que la gente empezara a engancharse a la televisión y no solo para informarse.

La radio pasó a un segundo plano, quedando en mucho casos relegada a ser un mero acompañante mientras desempeñamos otras tareas.

Este cambio no ha sido tan malo como puede parecer cuando aparece un nuevo competidor. La radio ha sabido mantener el rigor informativo para fidelizar a sus oyentes, todo lo contrario que la televisión, que con el paso de los años ha ido perdiendo credibilidad y su uso para permanecer informado ha decaído.

Con esto, no es de extrañar que según este artículo la gente le dé más fiabilidad de información a la radio que a la televisión. Y no es que la radio haya hecho nada extraordinario para ganarse ese respeto por encima de su competidora, sino que ha sido la propia televisión la que se ha ganado el famoso mote de “caja tonta”. Ha ido evolucionando, o más bien involucionando, hacia formatos más necios que rozan lo absurdo, donde no se le exige nada al espectador, donde solo tiene que estar sentado pasivamente delante de la televisión. 

Con estos datos queda claro que cuando la gente no quiere pensar o calentarse la cabeza, pone la televisión, produce una sensación de evasión de su vida cotidiana y es consciente de lo que le cuentan para entretenerse es mentira o artificial, esos son los contenidos de los programas actuales que encontramos en la parrilla. Y por ello, esta sensación se traslada a los informativos, otorgándoles una muy baja credibilidad por parte del espectador.

Por otro lado, la radio a través de esa voz que no pueden ver y personificada en reconocidos periodistas y locutores crea un clima de confianza en el oyente que no produce la televisión.

La conclusión es cuanto menos preocupante. Vemos más televisión pero nos fiamos más de la radio. Roza lo absurdo. ¿Es esto lo que queremos, que nos acribillen a información en la cual no creemos? Sí es así, como sociedad tenemos un grave problema.


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